Administrar exitosamente un negocio o un proyecto, cualquiera sea la actividad que se desarrolla, requiere de la capacidad de gestionar un conjunto de variables internas y externas que representan riesgos para la empresa. La incertidumbre sobre la evolución futura de nuestro negocio es imposible de eliminar totalmente, pero es posible administrarla eficientemente. Todas las empresas están expuestas a la evolución futura de un conjunto de variables, que denominamos factores de riesgos, cuyo valor futuro desconocemos. Por ejemplo, el precio de los commodities, la tasa de interés, el tipo de cambio, la demanda de nuestros productos, los cambios regulatorios, etc. Estos factores de riesgos se agrupan comúnmente en: Estratégicos, Financieros, Operativos y Políticos. Aunque la forma de clasificarlos puede variar.

Es importante señalar que en la interpretación que le daremos al concepto de riesgo no es la que se asume generalmente.  A estos efectos, entendemos por riesgo a la posibilidad que un evento resulte distinto a lo esperado. En términos de impacto en la empresa, el efecto puede ser mejor a lo esperado o peor. Es decir, el riesgo no es necesariamente algo negativo, sino que es la incertidumbre sobre el desarrollo futuro de los acontecimientos. El riesgo asumido, por ejemplo, en una inversión o una acción comercial, se relaciona con la posibilidad que la misma resulte peor o mejor a los inicialmente planeado. El riesgo no es, entonces, algo que por definición debemos eliminar, sino que es algo que debemos gestionar. 

La ocurrencia de eventos negativos que, con frecuencia, impactan en las empresas generan consecuencias algunas de estas dimensiones calves: el flujo de fondos, el capital, la reputación, la capacidad de retener talento o dificultades con el regulador. Entender la importancia de estas dimensiones en el futuro de la empresa ayuda a comprender la relevancia de gestionar los riesgos.

Administrar la incertidumbre exitosamente se convierte en una ventaja estratégica para las empresas ya que les permite definir sus estrategias de crecimiento considerando los posibles resultados de las mismas. Lejos de ser un proceso defensivo, se convierte en una herramienta de crecimiento sustentable que permite mantener la estabilidad de su flujo de fondos, preservar su capital y cuidar su reputación.